El coleccionismo de carteles de cine firmados: cuando el cine sale de la pantalla

Hay películas que forman parte de nuestra memoria mucho después de que aparezcan los créditos finales. Una escena, un rostro, una frase o una banda sonora pueden permanecer durante décadas. Pero existe una forma especialmente tangible de conservar ese vínculo con el cine: coleccionar carteles de cine y, cuando además están autografiados por sus protagonistas o creadores, convertirlos en objetos únicos de memorabilia cinematográfica.

Lejos de ser un simple recuerdo para aficionados, el cartel de cine firmado se sitúa en la intersección entre cultura popular, historia del cine y coleccionismo. En una misma pieza conviven la imagen que identificó una película, la presencia física de quien contribuyó a hacerla posible y la dimensión histórica de un título que, en muchos casos, forma ya parte del imaginario colectivo.

Del cine como experiencia al cine como objeto

El cartel de cine nació para atraer al espectador. Antes de entrar en una sala, era su imagen la que debía despertar su curiosidad y condensar, en unos pocos centímetros, el universo de una película.

Con el tiempo, muchos de estos diseños han adquirido una vida propia. La gráfica cinematográfica ha producido algunas de las imágenes más reconocibles de la cultura visual del siglo XX y XXI: rostros de actores convertidos en iconos, composiciones que se han instalado en nuestra memoria y títulos cuya tipografía basta para evocar una determinada época.

Cuando el propio protagonista firma ese cartel de cine, la naturaleza del objeto cambia. Ya no se trata únicamente de una reproducción vinculada a una película, sino de un testimonio material de la relación entre la obra cinematográfica y quienes la hicieron posible.

Es precisamente ahí donde reside uno de los grandes atractivos del coleccionismo de carteles de cine autografiados.

Una colección que reúne generaciones de cine

La selección que presenta Setdart el próximo 17 de septiembre permite recorrer distintas épocas y géneros de la historia del cine a través de sus protagonistas. La subasta reúne carteles de cine firmados por nombres como Robert De Niro, Jodie Foster, Martin Scorsese, Anthony Hopkins, Leonardo DiCaprio, Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Sophia Loren, Charlton Heston, Daniel Day-Lewis o Pedro Almodóvar, entre muchos otros.

Entre las piezas destaca el cartel de Taxi Driver (1976), firmado por Robert De Niro, Martin Scorsese, Jodie Foster, Harvey Keitel y Cybill Shepherd. La presencia conjunta de varios de los principales nombres de la película convierte el ejemplar en una pieza especialmente representativa de uno de los títulos fundamentales del cine estadounidense de los años setenta.

También resulta especialmente atractivo el cartel de la película El Cid (1961), firmado por Charlton Heston y Sophia Loren, dos de las grandes estrellas del Hollywood de la época. En este caso, la pieza permite reunir en un mismo soporte a los protagonistas de una superproducción histórica que forma parte de la memoria cinematográfica internacional.

El recorrido continúa por títulos como El último Mohicano, con la firma de Daniel Day-Lewis; The Silence of the Lambs, firmado por Anthony Hopkins, Jodie Foster y Scott Glenn; The Sixth Sense, con Bruce Willis y Haley Joel Osment; o Titanic, con Leonardo DiCaprio y James Cameron.

Y junto a ellos aparecen piezas vinculadas al cine español, con firmas de Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Ana Belén, Victoria Abril, Francisco Rabal, Concha Velasco o Lina Morgan, entre otros. El conjunto adquiere así también una dimensión documental: permite recorrer distintas generaciones de actores y directores y, al mismo tiempo, observar cómo ha evolucionado el propio cine.

¿Qué hace interesante un cartel de cine firmado?

Como sucede en otros ámbitos del coleccionismo, no existe un único factor que determine el interés de una pieza. En los carteles de cine autografiados confluyen diferentes elementos.

La importancia de la película es, naturalmente, uno de los primeros. Un título reconocido internacionalmente, una película de culto o una obra especialmente relevante dentro de la trayectoria de un director o actor puede incrementar el atractivo del objeto.

También resulta fundamental quién firma el cartel de cine. No tiene el mismo significado la firma de un actor secundario que la del protagonista principal, el director o varios miembros destacados del reparto. Las firmas múltiples pueden aportar además una dimensión especialmente interesante cuando reúnen a los principales responsables de una película.

Otro elemento es la relación entre la firma y la propia imagen. Cuando el autógrafo aparece integrado visualmente en el cartel de cine, el resultado puede adquirir una fuerza estética considerable. La firma deja de ser un elemento añadido para convertirse en parte de la composición.

A ello se suman aspectos como el estado de conservación, el formato, la rareza del ejemplar, la documentación disponible y, especialmente, la procedencia o acreditación de la firma.

Coleccionar recuerdos que forman parte de nuestra memoria

Quizá uno de los mayores atractivos de este tipo de coleccionismo sea su capacidad para conectar el objeto con una experiencia personal.

Para un espectador, Titanic puede evocar una película vista en el cine durante la adolescencia. Para otro, Taxi Driver representa una determinada época de la historia del cine. Harry Potter puede estar asociado a una generación entera de espectadores, mientras que El Cid o Cantando bajo la lluvia permiten recuperar la memoria de un Hollywood ya desaparecido.

El coleccionista no adquiere únicamente una imagen. Adquiere una pieza física asociada a una historia que reconoce y que forma parte de su propio imaginario cultural.

Y esta dimensión emocional explica en buena medida el interés por la memorabilia cinematográfica: son objetos que permiten transformar una afición en una colección y una película en algo que puede conservarse, contemplarse y transmitirse.

Una nueva forma de acercarse al coleccionismo

El atractivo de los carteles de cine autografiados reside, en definitiva, en su carácter híbrido. Son piezas de cultura popular, documentos vinculados a la historia del cine, recuerdos personales y objetos coleccionables al mismo tiempo.

Su accesibilidad es además uno de sus grandes alicientes. Frente a otros ámbitos del coleccionismo, la memorabilia cinematográfica permite comenzar con piezas de diferentes rangos de precio y construir progresivamente una colección alrededor de un actor, un director, una saga, una época o un género determinado.

Un coleccionista puede optar por reunir únicamente carteles de Hitchcock, centrarse en las grandes estrellas del Hollywood clásico, buscar firmas de directores, seguir la trayectoria de un actor concreto o construir una colección transversal que recorra varias generaciones.

No existe una única manera de coleccionar cine. Existe, en cambio, una manera muy especial de conservarlo.

Una cita con la historia del cine

La Colección de Carteles Icónicos de Cine Autografiados que presenta Setdart reúne esta diversidad en una subasta que tendrá lugar el jueves 17 de septiembre a las 16:30 CEST. Desde grandes clásicos hasta éxitos contemporáneos, las piezas permiten acercarse al cine desde una perspectiva diferente: no desde la pantalla, sino desde los objetos que han acompañado y construido su imaginario.

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