Joaquim Tenreiro y José Zanine Caldas, dos maneras de entender el diseño brasileño

Durante buena parte del siglo XX, Brasil fue escenario de uno de los episodios más singulares de la historia del diseño moderno. Mientras Europa exploraba las posibilidades de la producción industrial y los nuevos materiales, una generación de arquitectos y diseñadores brasileños comenzó a formular una modernidad distinta: profundamente vinculada al territorio, al clima, a las formas de vida locales y, muy especialmente, a la extraordinaria riqueza de sus maderas.

El resultado fue un lenguaje difícil de confundir con cualquier otro. Maderas tropicales, estructuras visibles, formas orgánicas y una relación particularmente estrecha entre artesanía, arquitectura y mobiliario dieron lugar a piezas que hoy forman parte del canon internacional del diseño del siglo XX.

Dentro de la historia del diseño brasileño, Joaquim Tenreiro y José Zanine Caldas representan dos aproximaciones especialmente interesantes. Separados por una generación y con trayectorias muy distintas, ambos encontraron en la madera no solo un material con el que construir muebles, sino un auténtico lenguaje.

Dos obras presentes en la próxima Subasta de Diseño de Setdart, que se celebrará el 13 de octubre, permiten acercarnos a esas dos visiones del diseño brasileño. 

Joaquim Tenreiro: ligereza y precisión

Nacido en Portugal en 1906 y establecido en Brasil, Joaquim Tenreiro se convirtió en una de las figuras fundamentales en la renovación del mobiliario brasileño durante las décadas centrales del siglo XX.

Su aportación resulta especialmente interesante porque combinó un profundo conocimiento de la ebanistería con la búsqueda de un mobiliario verdaderamente moderno. Frente a la pesadez de buena parte del mobiliario tradicional, Tenreiro desarrolló estructuras visualmente ligeras, líneas depuradas y formas capaces de dialogar con la nueva arquitectura brasileña.

La madera permanecía en el centro, pero tratada con una extraordinaria sofisticación.

El propio MoMA conserva actualmente su célebre silla Três Pés de 1947, realizada en madera laminada, y destaca cómo sus formas orgánicas y el empleo de maderas locales participaron en la construcción de un vocabulario específicamente brasileño de la modernidad.

Ese mismo año, hacia 1947, se fecha la silla mecedora de Joaquim Tenreiro que Setdart presenta en su próxima subasta.

Este tipo de asiento formaba parte desde hacía tiempo de los interiores domésticos brasileños, pero Tenreiro reinterpretó la tipología tradicional desde los principios de la modernidad. Otros ejemplares de sus mecedoras de 1947 han sido descritos precisamente como una transformación de esta tradición brasileña a través de la ligereza y la funcionalidad.

En la pieza presentada por Setdart, esa búsqueda se percibe especialmente en su silueta. Los largos patines describen dos líneas curvas sobre las que parece suspenderse una estructura extraordinariamente abierta. Los brazos, travesaños y montantes reducen visualmente el peso del palisandro, mientras que el respaldo de rejilla introduce transparencia y acentúa todavía más esa sensación de ligereza.

Es precisamente ahí donde reside una de las grandes paradojas del mobiliario de Tenreiro: convertir una madera noble y visualmente poderosa en una estructura que parece casi ingrávida.

La pieza permite además situarnos en un año fundamental para el diseñador. En 1947, Tenreiro abrió junto a Fernando Langenbach su establecimiento Langenbach & Tenreiro en Río de Janeiro, y diferentes fuentes sitúan sus primeras mecedoras precisamente dentro de esta producción inicial.

La mecedora que sale a subasta con un precio de salida de 14.000 euros constituye así una excelente puerta de entrada al universo de Tenreiro: precisión artesanal, economía estructural, elegancia y una búsqueda constante de ligereza.

José Zanine Caldas: la madera como materia

Si en Tenreiro encontramos precisión, ligereza y refinamiento, en José Zanine Caldas, otro de los exponentes más relevantes del diseño brasileño, la madera adquiere una presencia mucho más rotunda.

Arquitecto, diseñador, maquetista y profesor nacido en Bahía en 1919, Zanine desarrolló una relación extraordinariamente intensa con este material. El Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro recuerda que llegó a ser conocido como el “mestre da madeira” —maestro de la madera— y destaca su interés tanto por sus posibilidades constructivas y estéticas como por la reutilización de madera procedente de talas.

Su trayectoria permite además observar otra de las tensiones fundamentales del diseño brasileño del siglo XX: industria frente a artesanía.

En 1948 fundó Móveis Artísticos Z, donde trabajó con madera contrachapada y procedimientos de producción industrial de inspiración modernista. Décadas después, su trabajo evolucionaría hacia una aproximación mucho más escultórica y directa a la madera.

La mesa de José Zanine Caldas que participa en la próxima subasta de Setdart pertenece precisamente a ese universo en el que el límite entre mobiliario y escultura comienza a desaparecer.

Realizada en madera de ciriba, presenta un tablero de 208 × 61 cm apoyado sobre una base de 71 cm de altura. La propia construcción establece un poderoso contraste entre la geometría del tablero y el carácter orgánico de los soportes inferiores.

Son precisamente esos soportes los que transforman el mueble.

En lugar de regularizar completamente la madera, permanecen visibles sus contornos irregulares y grandes cavidades naturales. La materia no queda subordinada al diseño: forma parte del diseño. Las huellas del árbol continúan siendo reconocibles y convierten la base en una composición prácticamente escultórica.

El tablero, por el contrario, introduce una extensa superficie horizontal de líneas depuradas. Surge así una tensión muy característica de Zanine entre geometría y naturaleza, arquitectura y escultura, función y materia.

No estamos únicamente ante una mesa concebida para cumplir una función doméstica. Su presencia espacial permite entender por qué buena parte del mobiliario de Zanine se sitúa en un territorio ambiguo entre objeto funcional y escultura.

La mesa presentada por Setdart, con un precio de salida de 10.000 euros, condensa así algunos de los principios esenciales de su producción: la monumentalidad de la madera, la aceptación de sus irregularidades y la voluntad de hacer visible su propia naturaleza.

El diseño brasileño: un referente internacional

Contemplar ambas piezas permite comprender la extraordinaria diversidad que se esconde bajo la denominación de diseño brasileño. La mecedora de Joaquim Tenreiro y la mesa de José Zanine Caldas parten de una materia común, la madera, pero revelan dos maneras profundamente distintas de interpretarla. En Tenreiro, la estructura se depura hasta alcanzar una sorprendente sensación de ligereza; en Zanine, la materia adquiere una presencia rotunda, orgánica y casi escultórica. Tenreiro dibuja con la madera; Zanine construye a partir de ella.

Dos lenguajes diferentes que forman parte de uno de los capítulos más singulares del diseño del siglo XX. Junto a Tenreiro y Zanine Caldas, nombres como Sérgio Rodrigues, Jorge Zalszupin, Lina Bo Bardi, Martin Eisler, Carlo Hauner u Oscar Niemeyer contribuyeron a construir una identidad moderna específicamente brasileña, mientras que, décadas más tarde, Fernando y Humberto Campana llevaron esa capacidad de experimentación hacia nuevos territorios.

Oscar Niemeyer, chaise longe Rio – Vendida en 5.000 euros. — Retrato de Oscar Niemeyer
Retrato de Sergio Rodrigues. — Sergio Rodrigues. Sillas Lucio Costa para Oca. Vendidas en 7.000 euros.
Jorge Zalszupin. Pareja de butacas modelo “Brasiliana”.1965.Vendidas en 10.600 euros. — Retrato de Jorge Zalszupin.

En los últimos años, este legado ha adquirido una creciente visibilidad internacional, tanto entre coleccionistas como en instituciones y estudios dedicados a la historia del diseño. Una atención que ha permitido reconsiderar el modernismo brasileño no como una derivación periférica de los movimientos europeos, sino como un episodio con identidad propia, capaz de conciliar modernidad, tradición artesanal, innovación formal y una relación excepcional con los materiales autóctonos.

Precisamente ahí reside buena parte de su atractivo actual. No existe una única fórmula del diseño brasileño: encontramos desde la sofisticación y ligereza de Tenreiro, hasta la monumentalidad de Zanine Caldas, la sensualidad de las formas de Sérgio Rodrigues, la elegancia constructiva de Zalszupin o la radicalidad de Lina Bo Bardi. Diferentes aproximaciones unidas por una misma voluntad de desarrollar un lenguaje moderno estrechamente vinculado al contexto cultural y material de Brasil.

La mecedora de Joaquim Tenreiro, c. 1947, y la mesa de José Zanine Caldas que protagonizan la próxima Subasta de Diseño de Setdart del 13 de octubre permiten acercarse a dos de las figuras fundamentales de esta historia. Dos obras muy distintas que, reunidas en una misma selección, muestran la riqueza, la personalidad y la extraordinaria vigencia de un diseño brasileño que ocupa hoy un lugar esencial dentro del coleccionismo internacional.

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