Pese a pertenecer a generaciones distintas, Antoni Clavé y Antoni Tàpies desarrollaron sus trayectorias en el contexto de renovación artística de la posguerra española. Desde momentos diferentes, ambos participaron de la apertura de la pintura hacia nuevos lenguajes, en un periodo en el que numerosos artistas comenzaron a cuestionar los modelos de representación heredados y a buscar nuevas formas de expresión. En sus respectivas obras, este proceso se tradujo en un progresivo alejamiento de la representación tradicional y en una creciente atención a las posibilidades de la materia, la superficie, el gesto y el color.
Sus caminos hacia la abstracción, sin embargo, fueron esencialmente diferentes. En Clavé, la imagen parte de la fragmentación, la superposición y la acumulación de elementos, que poco a poco alteran su carácter figurativo; en Tàpies, la representación se reduce progresivamente hasta dar paso a una pintura en la que la materia y el signo adquieren un protagonismo central.
Antoni Clavé: de la imagen a la construcción abstracta


La evolución de Antoni Clavé hacia la abstracción fue progresiva. Sus primeras obras están vinculadas a la figuración y a un interés por personajes y objetos que, con el tiempo, comienzan a perder su definición. La imagen se fragmenta, se superpone y se convierte paulatinamente en una estructura autónoma.
Este proceso está estrechamente relacionado con su interés por el collage y la incorporación de materiales diversos. Papeles, telas, superficies arrugadas, texturas y capas de pintura permiten a Clavé construir el cuadro como un objeto, no simplemente como una representación.
La superficie adquiere así una importancia fundamental. En lugar de funcionar como un espacio transparente sobre el que representar una imagen, se convierte en un territorio compuesto por diferentes estratos. El espectador descubre fragmentos, superposiciones y zonas de distinta densidad que mantienen una cierta tensión entre lo reconocible y lo abstracto.
Esta concepción explica también la presencia recurrente de determinados motivos en su trayectoria —guerreros, armaduras, personajes o elementos vinculados a la tradición— incluso cuando la obra se encuentra ya muy alejada de la figuración. Clavé no elimina necesariamente la imagen: la transforma hasta convertirla en materia y estructura.
El color como elemento estructural en Clavé

A medida que avanza su trayectoria, el color adquiere una autonomía cada vez mayor. Los rojos, negros, azules, blancos y tierras dejan de estar subordinados a una representación para convertirse en elementos capaces de organizar por sí mismos el espacio pictórico.
En Rouge, noir, bleu, por ejemplo, el rojo posee una presencia dominante. Un amplio campo carmín envuelve y articula una composición construida mediante negros, tonos terrosos, blancos, azules y ocres. Las manchas y trazos superpuestos rompen la continuidad de la superficie y generan una sensación de movimiento. El rojo no funciona únicamente como un color expresivo: estructura la composición. Expande el espacio y establece relaciones de tensión con las zonas oscuras y con los diferentes campos cromáticos.
Esta dimensión constructiva resulta esencial para comprender la abstracción de Clavé. Su pintura no se basa únicamente en la eliminación de la figura, sino en la creación de un nuevo espacio mediante la relación entre color, materia, textura y superposición.
Antoni Tàpies: la materia como lenguaje


El recorrido de Antoni Tàpies hacia la abstracción parte de una preocupación diferente. Desde finales de los años cuarenta, su obra experimenta una progresiva transformación que le llevará a abandonar buena parte de las referencias figurativas y a concentrarse en las posibilidades expresivas de la materia.
A partir de los años cincuenta, las denominadas pinturas matéricas se convierten en uno de los principales fundamentos de su lenguaje. Tàpies incorpora a la pintura materiales como arena, tierra, polvo de mármol, papel o tejidos, creando superficies densas, rugosas y erosionadas. El cuadro comienza entonces a adquirir una dimensión casi física. Ya no se trata únicamente de contemplar una imagen, sino de enfrentarse a una superficie que parece haber sido construida, erosionada y transformada por el tiempo.
Aquí reside una de las diferencias fundamentales con Clavé. Mientras que en este último la materia participa en la construcción de una composición, en Tàpies la materia llega a convertirse en el propio lenguaje de la obra.
Tàpies: del muro al signo

La superficie de Tàpies está estrechamente relacionada con la imagen del muro. Un muro envejecido contiene manchas, grietas, inscripciones y huellas anónimas. El artista transforma esa apariencia cotidiana en un espacio pictórico cargado de significados.
Sobre estas superficies aparecen cruces, letras, números, signos y trazos. No son elementos que debamos interpretar necesariamente como símbolos con un significado único. Funcionan, más bien, como signos abiertos, capaces de sugerir asociaciones y de introducir una dimensión humana, espiritual o existencial en la obra.
Por ello, la abstracción de Tàpies nunca es puramente formal. Aunque desaparezca la representación convencional, permanecen la huella, la escritura y el gesto. La pintura conserva así una relación directa con la experiencia humana.
En Sinuós amb vermells, el rojo aparece integrado en una superficie oscura y erosionada. Los trazos rojos no organizan el espacio de la misma manera que en Clavé: parecen emerger de la propia materia, como gestos que atraviesan y activan la superficie.
Clavé y Tàpies: dos sensibilidades, una misma renovación

Las diferencias entre Clavé y Tàpies muestran la riqueza de la abstracción española de la segunda mitad del siglo XX: un mismo contexto podía dar lugar a lenguajes profundamente personales.
En Clavé, la pintura conserva una tensión entre imagen y abstracción, entre composición y materia; en Tàpies, esa tensión se desplaza hacia la superficie, donde el gesto, la huella y el signo adquieren un nuevo significado.
Más que dos formas opuestas de entender la pintura, sus obras representan dos maneras de ampliar sus límites. Y es precisamente en esa libertad de experimentación donde reside uno de los aspectos más significativos de sus respectivas trayectorias.
La obra de Antoni Clavé y Antoni Tàpies nos permite acercarnos a dos de los lenguajes que marcaron la renovación del arte español durante la segunda mitad del siglo XX. Sus diferentes aproximaciones a la abstracción, la materia y el gesto encuentran un punto de encuentro en la próxima Subasta de Arte Contemporáneo y Últimas Tendencias de Setdart, que se celebrará el 27 de octubre, una oportunidad para explorar distintas sensibilidades y formas de expresión que han configurado el panorama artístico contemporáneo.