Alex Katz: El arte lúdico que se anticipó al Pop Art

A sus 94 años y convertido en una de las figuras de culto del arte americano del siglo XX, Alex Katz mantiene intacta esa pulsión creativa guiada por la conciencia de quien  sabe que no puede dejar de hacer lo que hace.

En una época en la que predominaban las tendencias abstraccionistas lideradas por el  expresionismo norteamericano, Katz desafió al sistema artístico entrando en escena como representante de la nueva figuración americana. Poco le importaron las criticas y menosprecios que suscitó su obra cuando en la década de los 50 se dio a conocer con una obra que huía de las modas y ortodoxias que se imponían por aquel entonces en el mundo del arte. De hecho, gracias a ese tiempo de marginación e incomprensión, Katz  logró encontrar una identidad artística propia que con el tiempo ha logrado conquistar de forma unánime el circuito artístico. El menosprecio de una crítica que nunca tuvo muy claro donde ubicarlo, ha dado paso a un sinfín de reconocimientos y alabanzas que se traducen en el buen momento que atraviesa su obra dentro del mercado del arte.

Katz empezó a pintar personajes sofisticados extraídos de la vida cotidiana y de las  imágenes procedentes de los mas media mucho antes de que el pop art lo hiciera, pero lejos de querer abanderar este estilo, el artista de origen ruso se desmarcó de él para seguir siendo un verso libre dentro de la historia del arte. Si bien es cierto que como precursor del despertar del pop art, comparte ciertos rasgos de la estética que desarrollaron Warhol, Jasper Johns y compañía, la suya es una obra mucho más enigmática y menos política, cuyos matices impiden reducir su  vasta  trayectoria a un único estilo. De hecho, las influencias condensadas en su lenguaje plástico abarcan distintas practicas artísticas, que  como la música, la moda o el cine, se entremezclan con  la tradición pictórica de Monet, Matisse Utamaro o Pollock.

Prueba de ello es  la monumental «Hommage to Degas» que realizada en el año 2020 constituye un magnífico ejemplo de la importancia que adquirirá a partir de los años 60 su producción gráfica. Su habilidad en las técnicas del grabado, se evidencia a través de las múltiples series a las que desde 1965 recurre fundamentalmente para realizar sus icónicos retratos, cuyo tratamiento invita al espectador a centrarse más que en los elementos específicos representados, en la experiencia pictórica que en ellos se refleja.

“Hommage to Degas” cuyo título ya nos anticipa la admiración que sintió por los grandes  maestros impresionistas  y en este caso en particular por Degas, se inspira en las icónicas bailarinas del pintor francés, reinterpretando su imagen bajo el sello distintivo de su identidad plástica. La figura femenina cuyas  formas simplificadas se recortan sobre un fondo monocromo, vibrante y carente de perspectiva, denotan el poso de la  pintura europea. En este sentido, la sombra de su admirado Heny Matisse ocupa un lugar privilegiado  en el  imaginario  de Katz, quien desde que conociera su obra quedó deslumbrado por la técnica aparentemente fácil del pintor francés y su gran sentido del color la composición y la economía de medios

A través de los primeros planos, Katz magnifica a los personajes retratados transformándolos en verdaderos iconos  cuyas líneas limpias y reduccionistas pero plásticamente contundentes, desembocan en un aire lírico y emocional  que lo alejan del pop art. La planitud prístina de sus superficies y colores nos deja entrever la huella de las pinceladas, otorgando a su obra un acabado menos industrial que la de sus coetáneos.

En su afán por capturar el movimiento contenido en un instante fugaz, Katz se acercó a Pollock incorporando la desbordante energía y lógica formal de la pintura gestual y rápida, sin renunciar ni lo más mínimo a su estilo. En este sentido, Katz logró imprimir en su obra «esa sensación inmediata de lo que uno ve antes de enfocar su mirada» atrapando la esencia delicada, elegante y etérea que se concentra en el gesto de la bailarina. Del mismo modo será determinante el uso de la luz como elemento modulador de la superficie que como en este caso, acentúa el carácter sereno y grácil de la bailarina pero también su naturaleza efímera.

Su obra construida en espacios fronterizos da voz a la América feliz, lúdica y serena que, como un canto a la vida, nos invita a disfrutar del aquí y ahora. Por qué tal y como afirmó el propio Katz «la eternidad solo existe en el presente»

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