Rafael Canogar VS Luis Feito

Luis Feito fue el penúltimo testigo del legado artístico que nos brindó el grupo El Paso. Con su reciente pérdida, Rafael Canogar se convierte en el único representante vivo de un tiempo en el que el informalismo transformó y renovó el anquilosado arte español para dar luz a nuevas formas de entender y experimentar con la práctica artística. Ambos artistas comparten protagonismo en nuestra subasta de arte contemporáneo del próximo día 19 de octubre

Tras unos inicios ligados entorno a las galerías de arte Bucholz y Fernando Fe de Madrid, los jóvenes artistas pronto tomaron consciencia de la necesidad de viajar a Paris para conocer de primera mano las nuevas tendencias que dominaban el panorama artístico internacional. El contacto directo con el informalismo de Dubuffet y Fautrier, así como el acercamiento a los expresionistas abstractos norteamericanos resultaron sin duda, el caldo de cultivo bajo el que se gestó el grupo El Paso y su acérrima defensa a una nueva libertad creativa. Unidos por el mismo espíritu de transformación y renovación, Feito, Canogar, Saura y compañía proclamaron tal y como dejaron constancia en su manifiesto fundacional, la necesidad de expresar “una nueva realidad” desde la responsabilidad social y espiritual.

 «Pretendemos presentar una obra auténtica y libre y luchamos por un arte hacia la salvación de la individualidad, dentro del signo de nuestra época.»  Manifiesto “El Paso”

A pesar de ser miembros fundacionales de El Paso, Feito y Canogar desarrollaron de forma independiente su propio carácter plástico demostrando así su personal forma de asimilar y reinterpretar las diversas influencias que marcaron su corpus creativo. Las obras que presentamos ejemplifican magníficamente esta independencia creativa, así como la evolución que ambos experimentaron a lo largo de sus trayectorias, sometiendo su obra a una constante investigación y experimentación. De este modo, mientras la pareja de obras de Feíto refleja la tendencia y la simplificación geométrica iniciada en la década de los años 70, la de Canogar transfiere esa fragmentación y materialidad que imprimió a sus obras de los años 2000.

Luis Feito

La evolución de Luis Feito es de aquellas que transcurren sin grandes sobresaltos y con la coherencia y cohesión de aquellos artistas plenamente comprometidos con el acto creativo. Toda su obra aborda desde la más pura abstracción, las tensiones y dualidades entre conceptos radicalmente opuestos. Bajo esta premisa, el lienzo se convierte en un espacio de confrontación, que gravita entre el equilibrio estructural y la tensión dinámica que surge de la interacción de los colores y las formas. “1195” refleja un momento clave de la carrera de Luis Feíto cuando a partir de 1963 inicia una tendencia expresiva cada vez más pausada y contenida que lo encaminan hacia una creciente depuración formal y material. En la década de los setenta terminará por imponerse la plenitud del color y una tendencia a la geometrización, donde los elementos de la composición se simplificarán a lo esencial.

Rafael Canogar

En las últimas décadas, las investigaciones de Canogar superan el concepto de pintura para crear una serie de imágenes que, como la que aquí nos atañe, se basa en la manipulación del soporte y la puesta en valor de la materia. Canogar rasga y fragmenta un material hecho de planchas de pasta de celulosa, lino y aglomerante, para posteriormente recomponer cada una de las partes en una composición en la que predomina el color, la estructura y la materia. El resultado son unas imágenes de gran potencia plástica con contornos irregulares y fragmentos superpuestos a manera de collages, que, según el propio Canogar, ”son el reflejo de las fuerzas de oposición constructivo destructivas consustanciales a la condición humana”.

Vemos en ambos casos como el juego entre opuestos o contrarios será una idea imperecedera a lo largo de toda su trayectoria, hecho que no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que,

tanto para ellos como para sus compañeros de grupo, el lienzo se convirtió en un verdadero campo de batalla a través del que romper con la total atonía en la que estaban sumidos el arte y la sociedad española.