tania bruguera
Written by anaad

Tania Bruguera, ritualizar el cuerpo social

Para Tania Bruguera el cuerpo siempre fue territorio de resistencia, cultural y político. Su valentía, fuerza crítica y capacidad para comunicar con un lenguaje contundente sus preocupaciones sociales le concedió un lugar destacado en la historia contemporánea del arte del performance.

Estadísticas (1996), de la que Setdart presenta uno de sus dibujos preparatorios, fue una obra de arte compuesta por una bandera de Cuba de grandes proporciones realizada con cabellos humanos. Fue presentada en la VI Bienal de La Habana a modo de telón de fondo de su mítico performance “El peso de la culpa” (1997).

El proceso consistió en pedir a amigos compatriotas la donación de mechones de pelo, que serían cosidos durante meses hasta conseguir trenzas de varios metros de largo. La artista pretendía recrear la imagen de lucha y resistencia del pueblo cubano durante la ocupación española. En tiempos coloniales, las mujeres cosían banderas cubanas en apoyo a la Revolución y la lucha por la independencia. Con esta acción Bruguera incitaba a recuperar los lazos solidarios perdidos tras la caída en saco roto de los ideales revolucionarios.

En cuanto a “El peso de la culpa”, que Tania llevara a cabo en un antro de la Habana Vieja, quedó como una estampa suprema de ritualización del cuerpo del artista como cuerpo social. La artista se colgó una res de su pecho mientras tragaba tierra, barro mezclado con agua que modelaba en pequeñas bolas. El Peso de la culpa hacía referencia al dato histórico sobre indígenas cubanos que comieron tierra para cometer un suicidio colectivo para no sucumbir ante los conquistadores españoles.

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“Comer tierra” es una expresión que se usa en Cuba para aludir al sufrimiento por hambre y privaciones. Sacrificio, cuerpo social, crítica al régimen corrupto y memoria histórica serán temas que se hilvanarán siempre en los performances de la artista cubana, para quien la fama no fue nunca impedimento para llevar el arte a los límites de la expresión.

De proyectos más recientes, cabe destacar El susurro de Tatlin (2008), también presentado en la Bienal de la Habana, donde la artista invitaba al público a subir a un podio para expresar sus ideas. Sólo se le concedía a cada uno un minuto para hablar mientras se le posaba una paloma al hombro. Si se extendía del tiempo, era echado con agresividad por actores vestidos de militares. Esta acción fue representativa de la habilidad de Tania para aprovechar los márgenes de permisibilidad que sólo al arte se le concede. En un contexto totalitario, sólo en aquel reducto era posible hablar libremente (aunque fuera solo un minuto).

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Tania Bruguera (Cuba, 1968) ha sido becada y galardonada en numerosas ocasiones, recibiendo la Beca de la Guggenheim Foundation en Arte para América Latina y el Caribe (2008), el doctorado honorario de la Escuela del Instituto de Arte de Chicago, la Beca del Instituto Radcliffe y la Beca Mundial de Yale. Asimismo, en el año 2015 recibió el prestigioso Premio Herp Alpert Foundation, en California. Será este mismo año, en 2015, cuando devuelva la Distinción entregada por la Cultura Nacional y renuncie a la membresía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas políticos, criticando así la política cultural del régimen cubano. Directora del Instituto Internacional de Artivismo “Hannah Arendt” (INSTAR), en 2014 intentó realizar una performance antigubernamental en la Plaza de la Revolución cubana, un acto le llevó a ser arrestada, retirándole el pasaporte y acusándole de resistencia y desorden público. Actualmente Tania Brugera cuenta con representación en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, el cual le adquirió la instalación “Sin título, Habana 2000” en el año 2015, la cual será expuesta hasta marzo de 2018. Dicha performance consiste en un largo y oscuro túnel cuyo montaje escenográfico se asemeja al interior de la Fortaleza de La Cabaña, testigo del cautiverio político, de las torturas y de los asesinatos extrajudiciales de los opositores de la Revolución castrista durante la década de 1960. La artista entiende “Sin título, Habana 2000” -al igual que el resto de su producción artística- no cómo una provocación, sino como documentos históricos que nos muestran los errores del pasado. La instalación “Sin título, Habana 2000” fue excluida de la Séptima Bienal de la Habana en el año 2000 por incluir hombres desnudos y censurada de, precisamente, La Cabaña “real”, debido al -según Bruguera- mensaje y connotación de la obra. Asimismo, su trabajo ha sido incluido en Documenta 11 (2002) y la Bienal de Venecia 2015, exponiendo en la Tate Modern de Londres, en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, y en otros muchos museos e instituciones de renombre.

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