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Roberto Matta, aventura metafísica

Desde temprana edad, el pintor chileno Roberto Matta denotó en su obra plástica un trasfondo místico que guardaría relación con el ámbito religioso, pero no adscrito al dogma sino al pálpito sacro: desde las Crucifixiones de los años 30 hasta la Sagrada Familia de los años 60.

Se interesó en primera instancia por el cubismo, pero también por pintores espirituales como el Greco, cuyos colores sombríos e intensidad dramática influiría en sus investigaciones.

En los años 30, Matta incursionó  en la abstracción pura e incluso influyó en el desarrollo del expresionismo abstracto estadounidense. Pero su técnica automatista, abigarrada y caricaturista tenía establecía por entonces frecuentes guiños con el surrealismo francés.

El humor de esta vertiente onírica se encabalgaría en su propio quehacer con pinturas más herméticas y de hondura metafísica, marcándole un camino que ya no abandonaría. Ahondando en sus cosmovisiones sagradas, empezó a usar los dedos y trapos para emborronar, trabajar por capas, investigar estratos. Logró tonos evanescentes que parecían emerger en el corazón de las sombras.

Se inicia así una segunda etapa en la que se interesa por los procesos auto-generativos de la naturaleza, las fuerzas germinadoras, energía cósmica…  Ello se verá expresado en formas botánicas integradas a cuerpos humanos (como en ‘La Tierra es un Hombre’, 1940-41).

Color y espacio serán replanteados en clave metafísica, tratando de comunicar el proceso energético que fundamenta la creación, humana y natural.

Su visión panteísta y sus búsquedas vanguardistas le llevarán a reinventar morfologías metamórficas, tanteos del devenir subjetivo y cósmico, interior y exterior, visible e invisible (Morfología de la alegría).

En los años cuarenta empieza a introducir personajes en su obra, que vira hacia preocupaciones más humanistas en detrimento de la expresión pura del universo sensorial.

Se desvincula, así del movimiento expresionista abstracto americano, y de cualquier otra vanguardia, y se reafirma en personalidad única y consecuente consigo mismo.

A esta etapa de madurez plena corresponde la “Sacra Familia” (1960) que tenemos actualmente en subasta. Sagrada Familia enlaza sus preocupaciones más tempranas, por el tema religioso-místico, con un compromiso social en clave alegórica, con sentidos siempre latentes y crípticos. En esta obra, el artista retrata una sagrada familia con tres personajes próximos al mundo animal. Matta configura un lienzo próximo al lenguaje onírico. De formas geométricas, los colores utilizados pertenecen a la paleta de marrones, naranjas, verdes y negros, acercándose al mundo orgánico a través de una pincelada casi oculta, en fusión con las formas y figuras particulares del artista chileno.

 

Roberto Matta (Santiago de Chile, 1911 – Civitavecchia, Italia, 2002) fue arquitecto, poeta, humanista y pintor, cuyas obras de inspiración surrealista y metafísica ilustran un mundo onírico enlazado con la civilización tecnológica moderna. Hijo de una familia numerosa con tendencia hacia el mundo artístico, con gran influencia de su abuelo materno, se formó como arquitecto en Santiago de Chile y con Le Corbusier en París, entre 1934 y 1935, donde trabó amistad con el pintor Marcel Duchamp y Pablo Picasso. Al estallar la II Guerra Mundial se trasladó a Estados Unidos, y vivió en Nueva York entre 1939 y 1948. Allí conoció a André Breton, Max Ernst, Yves Tanguy y André Masson, e influyó con su estilo de manera decisiva en la formulación del expresionismo abstracto norteamericano. Matta se dedicó a la realización de obras en las que repetía representaciones de volcanes y terremotos, todas ellas bajo la temática de la creación cósmica de la naturaleza. El trabajo de Matta agregó nuevas dimensiones a la pintura contemporánea, pese a su ruptura —por causas desconocidas— con el movimiento surrealista en 1947. Establecido en Roma, continuó evolucionando en su carrera durante los años 50. Viajó a Sudamérica, retratando y capturando la esencia de los pueblos originarios. Pese a que fue reincorporado en 1959 al mundo surrealista, experimentó distintas formas de expresión artísticas, incluyendo producciones de videos como “Système 88”, la fotografía y otros medios de expresión. En 1967 trasladó su residencia en Tarquinia, Italia, variando su residencia en largas estancias en París, Londres y Nueva York. En 1971 trabajó un arte de aire revolucionando, ejecutando murales colectivos en la comuna de La Granja.

Está representado en las pinacotecas dedicadas al arte moderno más destacadas del mundo, como el MoMA y el Metropolitan de Nueva York, Thyssen-Bornemisza o la Tate Gallery de Londres. El estilo de Matta le llevó a convertirse en uno de los más importantes artistas del siglo XX, recibiendo altas distinciones internacionales entre las que destacó el Premio Nacional de Arte por parte del Gobierno de Chile.

 

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