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Presentamos en subasta la talla de Ptah- Sokar- Osiris

La talla de Ptah- Sokar- Osiris que ahora presentamos a subasta forma parte de una tipología que solía acompañar el sarcófago. Se situaba junto al difunto en la cámara funeraria, a modo de custodio y acompañante, de protector, en un viaje hacia el otro mundo no exento de dificultades. Se trata, por otra parte, de una talla que muestra claramente el pensamiento religioso egipcio, para el que las deidades son, en muchos casos, encarnaciones particulares de conceptos e ideas generales. Esto hace posible que una imagen represente, en ocasiones, a varias divinidades, o que un mismo dios pueda tener manifestaciones particulares diversas. En este caso se unifican, en una misma talla, el dios Ptah, divinidad principal del primitivo Egipto unificado, dios creador, “demiurgo”; Sokar, emanación de Osiris en la zona de Menfis, primera capital del reino surgido de la unificación del Alto y Bajo Egipto y Osiris, dios de los muertos por excelencia.

antiguo egipto

Ptah- So­kar- Osi­ris. An­ti­guo Egip­to, Baja Época, 664 – 323 a.C

 

 

Pese a la imagen plagada de lúgubres momias y oscuras maldiciones que la literatura y el cine clásico de Hollywood han contribuido a transmitir del Antiguo Egipto, la suya fue una cultura extremadamente vitalista, plena de optimismo. La inundación anual de las riberas del Nilo, que daba lugar a una intensa explosión de verdor y a abundantes cosechas, propició la creencia en la vida tras la muerte, en el renacimiento, en un ciclo de la vida donde el nacimiento y la defunción no eran conceptos absolutos sino sucesivos. Esto se materializó en el culto a deidades como Osiris, asesinado por su hermano Seth (encarnación del Caos) y revivido por su esposa – hermana Isis, capaz de engendrar a su hijo Horus tras su muerte y mágica resurrección. Osiris es el ejemplo a seguir para el difunto en el Antiguo Egipto, y especialmente para el Faraón. Es el dios civilizador, protector de las artes, la agricultura, instaurador de la religión, futuro juez de los hombres. Es también el dios del corazón “liviano como una pluma”, es decir, justo. La acendrada creencia en la vida más allá de la muerte propició la construcción de grandes monumentos funerarios como las pirámides y extensas necrópolis, con tumbas repletas de objetos de arte, pinturas y espléndidos ajuares, destinados no únicamente a solemnizar la muerte, sino, sobre todo, a preparar la vida de ultratumba del difunto de manera acorde a su categoría social, a permitirle una existencia cómoda en el “más allá”.

 

 

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