María Blanchard, bodegón de frutas.

María Blanchard vertió en el cubismo una impronta femenina, intuitiva, cargada de sensualidad. En este pastel representando un bodegón, se aleja ya completamente de la ortodoxia cubista, optando por una descomposición más suave de las formas y los colores.

La composición es sencilla, ordenada, y acoge una serie de elementos que la artista ha desnudado hasta la médula de su esencialidad. Así, a través de una estética en la que no define con nitidez las formas sino que a través de trazos amplios y difuminados desdibuja los contornos (aunque podemos intuir unas uvas, una pera…), deja al espectador la labor de completar con su mirada la escena. Nos invita a aprehender el cuadro con todos nuestros sentidos.

Esta obra debió ser realizada en la década de los años veinte o treinta del siglo pasado, una época en que Blanchard retornó a un tipo de pintura figurativa, aunque cubista desde el punto de vista compositivo, en la que el tratamiento lumínico genera texturas algodonosas.

MARÍA GUTIÉRREZ BLANCHARD (Santander 1881 - París 1932). Sin título.

María Gutiérrez Blanchard (Santander 1881 – París 1932), conocida habitualmente por su apellido materno, se formaría como pintora en Madrid, a donde se trasladó en 1903. Aquí estudiaría bajo el maestrazgo de los pintores Emilio Sala y Álvarez de Sotomayor. En 1909 obtuvo una beca de la Diputación de Santander para estudiar en París. En la capital francesa recibió clases de Anglada Camarasa y de Kees van Dongen, liberándose de su formación académica e introduciéndose de lleno en el mundo de las vanguardias artísticas. En 1914 regresó a Madrid y comenzó a asistir a la tertulia de Ramón Gómez de la Serna en el café Pombo, participando en la polémica muestra “Pintores íntegros”. Tras dedicarse temporalmente a la docencia en Salamanca, en 1916 regresó definitivamente a París. Desde ese año hasta 1920 desarrolló una etapa cubista en la que nunca llegaron a desaparecer las referencias figurativas.

 

 

Formó parte del grupo cubista parisino y entabló amistad con algunos de sus miembros, como Juan Gris, Lipchitz y André Lhote. En los años 20 expuso en muestras organizadas en París y Bélgica. Entre las obras de su primera etapa destaca “La comulgante”, presentada con gran éxito en el Salón de los Independientes de 1921. En España se han celebrado dos antológicas dedicadas a la pintora, una en la galería Biosca de Madrid (1962) y otra en el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo (1982). Maria Blanchard fue tanto una gran pintora, como una teórica ya que organizaba tertulias en su apartamento de parís, donde diferentes artistas entre ellos Juan Gris, debatían sobre la pintura y las nuevas tendencias que se estaban dando en la época.