Juan Luna y Novicio, “El discurso inesperado” subasta el 21 de Mayo.

Las mejores obras del pintor filipino Juan Luna y Novicio fueron aquellas que le permitieron radiografiar las pasiones humanas, desde las más elevadas a las más degradantes, su grandeza y su miseria.

Pensamos, por ejemplo, en el “Spoliarium”, un óleo en el que los cuerpos cansados o moribundos saliendo de los atroces espectáculos romanos son arrastrados entre las gesticulaciones implorantes de mujeres esclavas.

Citamos esta célebre pintura porque se aprecian rasgos comunes con la que aquí presentamos, “El discurso inesperado”, fechada en 1881 (véase número 35203895). La carga literaria de la composición, la dramaturgia desplegada en la estancia velada por la penumbra, la rica variedad de reacciones ante las diatribas del personaje y el audaz contraste lumínico enfatizando gestos y expresiones, son características de los más logrados cuadros de Luna. El interior burgués deja adivinarse paulatinamente por los juegos de luces que nacen de la lámpara, cuya tulipa de cristal irradia un aura que va modelando los rostros, los marcos tallados de los cuadros, los documentos desordenados sobre la mesa… La pincelada rauda y los hábiles toques de herencia impresionista transmiten la tensión contenida, dejándonos intuir las convulsiones internas de los personajes.

Lote: 35203895. JUAN LUNA Y NOVICIO (Badoc, Filipinas, 1857 – Hong Kong, 1899). "El discurso inesperado", 1881.
Imagen del pintor fillipino.

Pintor y acuarelista filipino, Juan Luna se formó en el Ateneo de la Compañía de Manila, donde tuvo como profesor a Agustín Saéz. Posteriormente ingresó en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad, y allí fue discípulo de Lorenzo Guerrero. En 1877 obtuvo una beca del Ayuntamiento de Manila que le permitió trasladarse a Madrid para ampliar su formación, en concreto en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En la capital de España se convirtió en alumno de Alejo Vera, y con él viajó a Roma cuando éste fue nombrado director de la Academia de España en dicha ciudad. Durante estos años, Luna visitó también otras ciudades italianas, conociendo de primera mano las grandes obras del Renacimiento. Posteriormente se instaló en París, donde abrió un taller propio. Ya plenamente establecido, recibió importantes y numerosos encargos institucionales, entre ellos el que recibió en 1887 del Senado español, un lienzo titulado “La batalla de Lepanto”, destinado al salón de conferencias. El Ministerio de Ultramar le encargó otra obra, una composición que representase a España y Filipinas. Asimismo, Luna tomó parte en numerosas muestras de arte y exposiciones oficiales, siendo premiado en la Nacional de Bellas Artes de 1881 con segunda medalla por “Cleopatra” y en la de 1884 con primera por “Spoliarium”. También mostró sus obras en el extranjero, y de hecho remitió sus lienzos al Salón de París de 1886, en el que fue galardonado con la tercera medalla. Dos años más tarde, en 1888, obtuvo segunda medalla en la Exposición Universal de Barcelona. Actualmente las obras de Juan Luna se encuentran representadas en importantes centros artísticos como por ejemplo el Museo del Prado, el Nacional de Filipinas, el Ayuntamiento de Cádiz, la Capitanía General de Sevilla, la Delegación del Gobierno del País Vasco, el Museo de Arte Moderno Jaume Morera en Lleida, la Biblioteca Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú, etc.