Written by anaad

Luisjo Hernández, espacio y brillo

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Cuando Luisjo Hernández trata de poner en palabras sus motivaciones plásticas nos vienen a la memoria las obsesivas anotaciones con las que el personaje literario Roithamer (Corrección, Thomas Bernhard) regurgita sus ideas sobre la construcción de un cono habitable. Cada detalle de esta casa utópica situada en el supuesto núcleo geométrico de un bosque había sido estudiado por Roithamer para que se adecuara al temperamento cambiante de su hermana. En ella habría de consumarse la felicidad suprema de la mujer que había inspirado su construcción.

El Cono representa algo así como la nostalgia de una integridad perdida. En su seno debe vivir esta mujer que, según entiende su hermano, se ha convertido en cuerpo extraño fuera de ese espacio a ella destinado. La búsqueda del reajuste perfecto entre cuerpo y espacio, del equilibrio entre caos y forma, unidad y multiplicidad, naturaleza y geometría, acción y contemplación, discurre en la disertación ininterrumpida de Roithamer, como también en las series pictóricas de Luisjo.

Las figuras y rostros humanos que pinta Hernández sólo pueden existir en esas cajas que los aprisionan a la par que les dan asilo. Parten de referentes reales, pero algo ocurre en el proceso de dar forma a los rasgos, que los convierte en máscaras de cera. Sin embargo, conservan algo de ese modelo inicial. En cierto modo, esa petrificación muestra la imposibilidad de corporeizar una figura hecha de recuerdos, por más que tratemos de proteger esa imagen encajonándola en una espacio abstracto e ideal. Las pinturas de este artista constatan la dificultad de dar al magma inconsciente una forma consciente.

Luisjo cita la definición que diera J.E. Cirlot al duplo espacio y brillo en su Diccionario de los símbolos. El pintor extrapola ese binomio a su visión del arte como juego de fuerzas entre vacío (espacio) y fascinación (brillo). El vacío, que cada observador debe llenar, es algo así como el éter en el que flota ese elemento fascinante por su fugacidad. Esos ojos cristalinos que refulgen desde la oscuridad de esos rostros arquetípicos nos atrapan como nuestro propio reflejo en un espejo. Porque son como moldes que se adhieren a los rasgos de aquél que los quiera contemplar.

Anna Adell

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Luisjo Hernández, datos biográficos

Venus despertando el misterio. ACCEDE A SUBASTA

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Luisjo Hernández (Bilbao, 1966) estudió artes plásticas en Bilbao, a cargo de la catedrática Inés Medina Sánchez, especializándose después en la pintura al óleo con Merche Estefanía. Ha ejercicio la docencia en pintura y dibujo durante los últimos años. Ha diseñado vehículos para la compañía de teatro “El-hada” (Bilbao). En 1989 recibió accésit en el primer certamen de pintura de Osakidetza. Tras su primera exposición colectiva organizada por el Ayuntamiento de Zeanuri (Bizkaia, 1987), ha celebrado exposiciones individuales en Barcelona (Freid b’art; Ménage a tríos); Selva del Camp de Tarragona (El Castell, 2010); en Mungia, Bizkaia (Aula de cultura Torre Luzea); Sala Space (Bilbao), entre otras.

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