Written by anaad

Imaginería, un repaso a su evolución

Al ser el cristianismo la religión dominante en la civilización occidental desde el reinado de Constantino, la imaginería cristiana vehicula gran parte de las producciones artísticas, desde la Edad Media hasta el Barroco.

Virgen del Adviento

Escuela alemana. Románico, finales s.XII.
Virgen del Adviento ACCEDER A SUBASTA: 35052797

La imaginería, especialidad del arte de la escultura (generalmente en madera tallada), evoluciona en tipologías y lenguajes a lo largo de los siglos, estableciéndose ya en el Románico los principales modelos de escultura exenta: la Maternidad, la Crucifixión, Santos y Mártires.

Durante el Románico (sobre todo en la Baja Edad Media, siglos XI-XII) predominaron las tallas de la Virgen, representándose entronizada y con el Niño en su regazo ( Theotokos). María es hierática, ausente, arraigada aún a soluciones bizantinas. Sin embargo, a medida que avanza el siglo XII empieza a cambiar el patrón descrito: María toma al infante con gesto más natural, los rasgos también se humanizan.

El Cristo de cuatro clavos, crucificado con los pies separados, es otra de las tipologías más comunes de la época. El canon es estilizado, los detalles anatómicos se marcan con finas incisiones (tendones, costillas, estigmas…) Durante el siglo XIII se busca una mayor realismo en la talla, en el modelado del cuerpo. A menudo aparecen coronados como Cristo Rey, serenos y sin expresar emoción.

El tránsito hacia el Gótico (s. XIII-XV) no es brusco, sino que durante décadas conviven patrones estilísticos. Pero lo que caracterizará la imaginería gótica, si nos centramos en las dos figuras más representadas de la Edad Media, es la voluntad de localizar en el tiempo y el espacio a los personajes (huyendo de la atemporalidad románica). Así, Cristo ya no es ajeno a su agonía, se enfrenta a su muerte como hombre. La Virgen, por su parte, baja del trono y atiende a su hijo con ternura maternal. La sonrisa se dibuja en su rostro, nos conmueve con un amor que trasciende el mensaje divino.

san juan bautista

Renacimiento, s.XVI.
San Juan Bautista. ACCEDER A SUBASTA: 35052777

Por otra parte, la iconografía de la Virgen se enriquece en cada una de sus advocaciones. Cabe destacar la advocación de María encinta (Virgen del Adviento o de la Dulce Espera), en actitud recogida aguardando el Nacimiento, acariciándose el vientre o mostrando la palma de su mano en gesto de espera. Véase al respecto la magnífica talla alemana (num.35052797) en Setdart Subastas.

En el Renacimiento, la escultura vuelve la mirada hacia la Antigüedad clásica, aunque ésta será una influencia menos marcada fuera de Italia. Así, en la escultura española, a pesar de partir de modelos italianizantes, siguen dominando los temas religiosos y funerarios sobre los mitológicos.

La técnica del estofado se aplica de madera casi sistemática en las tallas de madera y, sobre todo, en los retablos.

El tema de la Crucifixión permite a los tallistas aplicar los nuevos cánones anatómicos sobre el desnudo, buscándose armonía en las proporciones, evocándose a menudo la morbidez de la belleza efébica clásica.

Sin embargo, el manierismo irá ganando terreno, dando lugar a piezas más expresivas y dramáticas, avanzando soluciones barrocas. Véanse las tallas de Alonso de Berruguete y Juan de Juni.

Afín a la obra de estos últimos y coetáneo a ellos, tenemos en Setdart Subastas un San Juan Bautista con lábaro y agnus dei (num. 35052777), en madera dorada y policromada de elevada calidad.

Si la imaginería renacentista se preocupó por plasmar con verismo rasgos y anatomías, durante el Barroco el lenguaje realista vira hacia la búsqueda del pathos y la pura emoción.

Se imprime mayor movimiento a las esculturas mediante formas serpentinatas, helicoidales, escorzos… Los efectos lumínicos también se acentúan, así como las iconografías que permiten transmitir la idea de dolor y sacrificio: Cristos Yacentes, Piedades…

Las Vírgenes, en su advocación de Inmaculadas, serán también un tema frecuente en tanto que favorecen las composiciones escenográficas, sobre nubes, querubines y vaporosas formas.

Durante el siglo XVII y XVIII, los tallistas españoles trabajan para diferentes gremios y cofradías, que son las que impulsan las imágenes procesionales y los pasos de la Semana Santa. Ello procura un gran desarrollo a la imaginería, que no es ajena al sentimiento de devoción popular que busca el arte de la Contrarreforma.

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