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Written by anaad

Félix Resurección Hidalgo y Padilla, “nativa filipina”

La pintura hispanofilipina de las postrimerías del siglo XIX conforma un capítulo destacado en un momento histórico que fue delicado para España por su inminente pérdida de la colonia, pero que dio lugar a unas manifestaciones pictóricas muy particulares, pues a pesar del pretendido proteccionismo de la Corona, los más valiosos de aquellos artistas estaban vinculados al grupo de intelectuales que promovían la autonomía y su crítica al sistema era patente.

Fue el caso de Félix Resurección Hidalgo y Padilla, quien supo mantenerse fiel a sí mismo a pesar de que su valía pictórica le valió una formación privilegiada, en la Academia de San Fernando, y ser incluido en la exposición General de las Islas Filipinas, que se celebró en el Parque del Retiro en 1887. Para entonces, Hidalgo había obtenido medalla de plata de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con su obra Vírgenes cristianas expuestas al populacho, cuadro de Historia, el género más valorado en la escala académica, pero que tenía una doble lectura, pues denunciaba veladamente la violencia perpetrada contra su pueblo.

“Nativa filipina” (35170026), el cuadro que estos días puede adquirirse en Setdart, es de tema más amable que gran parte de su obra de carga política, sin embargo, en los ojos de esta muchacha podría leerse los signos indelebles de una historia reciente, personal y colectiva, cargada de drama.

 

 

35170026  FÉLIX RESURRECCIÓN HIDALGO Y PADILLA (Filipinas, 1855 – España, 1913).
“Nativa Filipina”.
Óleo sobre lienzo.
Posee permiso de exportación.
Firmado y localizado en centro del lateral izquierdo.
Medidas: 35,5 x 27 cm. 66 x 58,5 cm (marco).
Retrato de dama de la cual solo podemos ver su rostro y su busto, sobre un fondo de carácter neutro que porta una mayor monumentalidad a la figura. La joven retratada presenta una actitud melancólica o reflexiva, que el autor ha logrado captar al retratar la mirada en un punto lejano situado en el exterior. Por sus rasgos se observar que se trata de una mujer joven y bella pero además el autor la dota de diferentes joyas que ayudan a situar a la protagonista en un rango social determinado. Por lo tanto el autor nos muestra un retrato con un cierto toque costumbrista y a la par una obra con una gran carga psicológica.
Félix Resurrección Hidalgo y Padilla fue un artista filipino, reconocido como uno de los grandes pintores filipinos de finales del siglo XIX, y es significativo en la historia de Filipinas por haber sido conocido e inspirado por miembros del movimiento reformista filipino que incluía a José Rizal, Marcelo del Pilar, Mariano Ponce y Graciano López. Jaena, aunque no se involucró directamente en ese movimiento, ni se asoció luego con la Primera República Filipina bajo Emilio Aguinaldo. Su victoria de la medalla de plata en la Exposición de Bellas Artes de Madrid en 1884, junto con la medalla de oro del pintor filipino Juan Luna, provocó una celebración que fue un hito importante en las memorias de los miembros del movimiento reformista filipino. Estudió derecho en la Universidad Santo Tomás, aunque no los finalizó ya que cambio el derecho por en filosifia terminando así en 1871. Mientras realizaba filosofía se inscribió simultáneamente en la Escuela de Dibujo y Pintura. En 1876 expuso por primera vez en el Teatro Circo de Bilibid antes de que fueran enviadas a la Exposición del centenario en Filadelfia, Pensilvania de ese año. En 1879 se fue a España como pensionado en bellas artes del Ayuntamiento de Manila y años más tarde en 1884 consiguió la medalla de plata en la Exposición general de bellas artes de Madrid y tres años más tarde fue galardonado con la medalla de oro en la Explosión general de las islas Filipinas celebrada en Madrid. Reconocimientos que supusieron una larga carrera de éxito y condecoraciones llegando a exponer tanto en París como en Estados Unidos, de echo en 1912 regresó a Filipinas después de treinta años, estando en su ciudad un periodo de tiempo de seis meses y regresando posteriormente a París para continuar con su actividad artística. Sin embargo un año después, en 1913, con motivo de una enfermedad viajó a Sarriá (Barcelona) donde finalmente murió.

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