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Ai Weiwei, la burbuja como microcosmos

Obra y arte son indisociables en la figura de Ai Weiwei. Su valentía, junto con su destreza para moverse por múltiples disciplinas artísticas, lo han convertido en el artista chino más importante del siglo XXI.

Nació en una época en que la revolución cultural de Mao estaba haciendo estragos (ejecuciones, trabajos forzados, expatriaciones…) Su padre fue una de tantas víctimas de la atroz dictadura. Por ello, luchar contra las injusticias y hacer prevalecer la libertad de expresión ha sido su principal cometido como artista.

Mao abogó por construir un nuevo mundo sobre las cenizas del antiguo, destruyendo el legado de millones de años de historia de una cultura ancestral. Ai Wei Wei ha curado simbólicamente las heridas infringidas por tanta destrucción entregándose de lleno a conocer técnicas y procedimientos artesanales de su país, sobre todo en cerámica y porcelana.

La “Burbuja” de porcelana que Setdart pone a la venta está vinculada a un proyecto de gran envergadura que Wei Wei realizó en Miami, en el que aunaba sus dotes de paisajista, arquitecto, escultor, artesano y artista conceptual: “Bubble” (2008) consistió en una instalación de de cien burbujas de porcelana azul de alta calidad repartidas en una extensa área, en Watson Island.

Ai Weiwei- Miami Art Basel 2008

Invirtió dos años experimentando con las propiedades materiales de la porcelana, buscando los reflejos adecuados, pues para él era importante el concepto de burbuja que contiene en su redondez cielo, agua y ciudad, al tiempo que su color cambia constantemente, fluye.

El artista escribió: “en sentido clásico, la porcelana en China es la forma de arte más elevada y pertenece a la corte imperial. De hecho, es casi sinónimo de cultura china. Mi trabajo siempre se ha centrado en cómo incorporar la artesanía antigua a un contexto contemporáneo y cómo crear o utilizar un nuevo idioma. Al mismo tiempo, trato de reinterpretar artefactos de las tradiciones chinas y manipular elementos de la cultura moderna cotidiana del país. Esto tiene muchas capas de significado, pero al final, la apariencia del trabajo es el aspecto más importante” (Art Basel Miami Beach).

Ai Weiwei ha adoptado con ese legado cultural una actitud ambigua, repleta de simbolismos, al basar sus acciones en una dialéctica entre creación y destrucción. Recordemos su serie fotográfica “Dropping a Han Dynasty Urn”, donde vemos al artista tirar un falso jarrón de la dinastía Han al suelo. Fue un acto de protesta contra las injusticias que se estaba cometiendo en su país, en una época en que había sufrido arresto domiciliario, cárcel, juicios… por romper silencios incómodos.

Mítica fue también su intervención en la Sala de Turbias de la Tate Modern: “Sunflowers seeds” (2010) consistió en la instalación de más de 100 millones de pipas de girasol realizadas en porcelana según los métodos tradicionales de Jingdezhen, cada una de ellas pintadas a mano por artesanos. Los visitantes pisaban esas minúsculas creaciones, se recostaban sobre ellas como si estuvieran en una plácida playa, y esa interacción placentera reactualizaba el mensaje del artista. La pipa fue el único sustento de supervivencia para tantas familias chinas en la época de Mao; fue también símbolo político en el cartelismo comunista, y aquí reunidas referían el valor de la colectividad por encima del individualismo. Nos hablaba de un renacer de las conciencias, tras tanta oscuridad y penuria. De la necesidad de seguir luchando.

 

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