// RUSIÑOL I PRATS, Santiago (Barcelona, 1861 – Aranjuez, Madrid, 1931). “El estanque”. Óleo sobre lienzo. | Setdart Subastas
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Santiago Rusiñol en Setdart

RUSIÑOL I PRATS, Santiago (Barcelona, 1861 – Aranjuez, Madrid, 1931).

RUSIÑOL I PRATS, Santiago (Barcelona, 1861 – Aranjuez, Madrid, 1931).

RUSIÑOL I PRATS, Santiago (Barcelona, 1861 – Aranjuez, Madrid, 1931).
“El estanque”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior derecho. Con etiqueta al dorso de la galería Manuel Barbié de Barcelona.
Se adjunta estudio de la firma realizado por Ramón Lluís Monllaó y Jordi Gumí Cardona.
Medidas: 100 x 116 cm; 116 x 132 cm (marco).

La superficie pictórica tiene buena conservación, sin encontrar en ella retoques o repintes; el soporte original, constituido por una tela de fabricación industrial, está montado sobre un bastidor que tiene otra tela, exenta de recubrimientos pictóricos, actuando como protección dorsal, sin llegar a la categoría de reentelado. El bastidor no responde a ninguna medida de las llamadas universales.
Aurora Fernández Polanco supo resumir de forma magistral la trayectoria de Santiago Rusiñol cuando aseguró que el maestro catalán es un pintor que empieza siendo realista, que pasa por el impresionismo de tonalidades frías y encuadres insólitos hasta que, en 1894, viaja a Italia y desarrolla desde entonces un lenguaje simbolista muy cercano al prerrafaelismo.

En sus últimos años viaja a Granada, y entonces el hombre desaparece de su pintura, apareciendo en su lugar una naturaleza artificial: la pintura de jardines, a la que pertenece el lienzo que aquí presentamos. Serán entonces las suyas obras ambientadas en bellos paisajes de jardines españoles, de Granada, Sevilla y Aranjuez. En ellos destaca el ambiente delicado, junto con un brillo y un cromatismo únicos en el arte español. Obras como “Almendros en flor” (1929) o el lienzo “El estanque”, que aquí abordamos, muestran una composición ordenada, donde los árboles marcan la composición, en el caso de “El estanque” apoyados en la nítida línea del borde del estanque, una curva regular que organiza racionalmente el espacio.
Pintor, escritor y dramaturgo en lengua catalana, Rusiñol fue uno de los principales ideólogos del movimiento modernista catalán. Se formó como discípulo de Tomás Moragas y frecuentó el Centro de Acuarelistas, del cual fue uno de los fundadores. Debutó en 1884 en la Sala Parés de Barcelona, junto a sus amigos Ramón Casas y Enric Clarasó. Por esos años realizó con Casas un viaje en carro por Cataluña, tomando apuntes de tipos y paisajes. El año de 1888 marca un punto de inflexión en su carrera, dado que comienza con tres actividades nuevas: publica unos escritos en “La Vanguardia”, participa en el Salón de París y celebra su primera exposición individual en la Sala Parés. Al año siguiente, 1889, Rusiñol se instala en París, en el barrio de Montmartre, con Utrillo, Clarasó y Canudas. Asiste a la academia del pintor Henri Gervex, y completa su formación con Puvis de Chavannes y Carrière.

Desaparece entonces el ruralismo que había adoptado en Barcelona, y su estilo evoluciona hacia el naturalismo. También se acerca a los planteamientos temáticos, que no técnicos, de los impresionistas, así como a su voluntad de captar una instantánea fugaz. En 1890 establece relación con Sitges, donde pintará algunos de sus primeros patios y jardines, temática que definirá su estilo posterior. Ese mismo año celebra su primera exposición en la Sala Parés, junto a Casas y Clarasó. En 1890 regresa a París con Casas y Utrillo. En este momento se centrará en representar los espacios de diversión de la zona, como el Moulin de la Galette, que protagonizará muchos de sus cuadros. No obstante, en 1893 deja su estudio de Montmartre y se traslada a la isla de San Luis, donde se centra en el estudio psicológico de la figura, sobre todo femenina, reflejando la tristeza, la melancolía y la soledad típicamente finiseculares. Al año siguiente viaja a Italia junto a Zuloaga, visitando Pisa, Florencia y otras localidades, lo que le permite conocer de cerca a los primitivos. A su regreso expone las pinturas realizadas en este viaje en la que será su primera muestra personal en la Sala Parés. Ese mismo año inaugura el Cau Ferrat en Sitges, germen del actual museo. En 1895 realiza su primer viaje a Granada, y comienza la serie “Jardines de España”.

En 1897 realizará algunas de sus mejores pinturas de jardines, interés que también aparece en su obra literaria “El jardín abandonado”, donde cultiva un decadentismo de carácter simbolista. El jardín elegante se convierte en protagonista, símbolo de la poesía; el jardín abandonado esconde un pasado de esplendor perdido. Rusiñol entonces viaja, buscando jardines que le seduzcan, y los pinta interiorizándolos, mostrando su personal concepción de la belleza, de la vida y la muerte, del arte y de la realidad, de la soledad y del paso del tiempo. Por esta época, expondrá en París en el Salón de los Independientes, en la Exposición Nacional y en la galería de Samuel Bing, principal impulsor del Art Nouveau en Francia. Esta última muestra, de carácter individual y celebrada en 1899, supuso el reconocimiento internacional de Rusiñol, cuyo éxito radicó en una nueva visión de España, totalmente alejada de tópicos y cargada de veracidad.

Desde entonces su actividad se multiplica como pintor, novelista y comediógrafo, estrena destacadas obras en Madrid y Barcelona y celebra exposiciones anuales de pintura en la Sala Parés, siempre con Casas y Clarasó. En 1908 recibió la medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Está representado en el Museo del Prado, el Nacional de Arte de Cataluña, el Camón Aznar de Zaragoza y el Thyssen-Bornemisza, entre otros.

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