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MAESTRO DE ROBREDO (Burgos, activo h. 1475? – 1490). “Jesús entre los doctores”.

MAESTRO DE ROBREDO

Lote en subasta:

MAESTRO DE ROBREDO (Burgos, activo h. 1475? – 1490).
“Jesús entre los doctores”.
Óleo sobre tabla.
Medidas: 104 x 100 cm; 113,5 x 108,5 cm (marco).
Obra publicada en “A History of Spanish Painting”, de Chandler Rathfon Post, vol. XII, parte II, fig. 270, p. 633 (Cambridge, Massachusetts; Harvard University Press, 1958).

 

Esta obra está situada en la etapa temprana de la producción del Maestro de Robredo, y representa a Jesús niño entre los doctores, cuando tras estar tres días perdido es hallado por María y José en el templo. Se trata de un episodio narrado en el Evangelio de Lucas (2:41-50), donde se relata la presencia de Jesús entre los teólogos o doctores de la Ley mosaica. El episodio también se describe en el Evangelio Apócrifo Árabe de la Infancia de Jesús. María y José acudían todos los años a Jerusalén por la Pascua Judía, y en una de estas ocasiones, cuando Jesús tenía doce años, el niño desapareció de la vista de sus padres para dirigirse al Templo de Jerusalén. Allí pasó un tiempo escuchando y preguntando a los doctores del Templo, quienes quedaron asombrados por sus conocimientos teológicos. Al ser hallado por sus padres, tres días después, Jesús habló así a su madre, ante la preocupación de ésta: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía estar en las cosas de mi Padre?”. Este episodio es el último de los relatos de la infancia de Jesús en el Evangelio, y el primero en el que el niño no se muestra obediente a sus padres. En la interpretación católica, los tres días de separación de María se muestran como un símbolo de la futura redención de los hombres a través del sacrificio de Jesús, de su muerte en la cruz. También es la primera ocasión en la que Jesús muestra lo que será su actividad de predicación, el diálogo en lugar de la mera transmisión de normas.

En esta tabla vemos a Jesús sentado en un trono decorado con tallas en relieve, señalando a los doctores con la mano izquierda, un símbolo iconográfico que indica que está hablándoles, y sosteniendo en la mano derecha una filacteria, con una leyenda. Ante él vemos cuatro doctores, tres de ellos enfrascados en la consulta de sus libros sagrados, buscando conceptos teológicos para responder a los argumentos de Jesús, y el cuarto ejecutando un gesto que indica al espectador que está escuchando a Jesús: alza una mano abierta al frente, mientras descansa la otra sobre el pecho, con el índice extendido en señal de que se dispone a hablar a continuación o acaba de hacerlo. Mediante estos elocuentes gestos, convenciones muy utilizadas en el último gótico y también en el renacimiento e incluso más adelante, el pintor describe el diálogo con claridad, de forma que el espectador, el fiel situado ante la obra, comprenda perfectamente la acción. Asimismo, vemos a María también alzando una mano, indicando que está escuchando a su hijo. Como es habitual en las obras medievales, san José permanece en segundo plano, presente porque lo exige la narración bíblica pero en actitud pasiva, mirando directamente a Jesús con las manos unidas sobre su vara. 

El Maestro de Robredo fue un pintor activo a finales del siglo XV en el foco burgalés, adscrito a la escuela hispano-flamenca castellana. Se de designa con el nombre convencional de Maestro de Robredo, al no conservarse ninguna obra firmada ni documentada de su mano, por la procedencia de una de sus obras, el “Retablo de san Pedro” del pueblo burgalés de Robredo de Valdezamanzas, del que conservan actualmente dos tablas: la “Detención de san Pedro” y “San Pedro entronizado entre san Pablo y san Andrés” (antigua colección La Sota). Estas dos tablas sirven como punto de partida para la atribución a este maestro de otras como el “Éxtasis de la Magdalena” (colección particular) y la “Cena en casa del fariseo” (Museo del Prado). Los historiadores ven en su obra un estilo fuertemente influido por el de Jorge Inglés, por lo que debió estar relacionado con él de alguna forma. No obstante, al trabajar en fechas posteriores a las de Inglés, el Maestro de Robredo desarrolla un canon más esbelto y una mayor tendencia expresiva, a la que ayudan tanto la carnación broncínea empleada en sus obras como lo distorsionado de su anatomía, oculta por los artificiosos plegados de sus ropas, y también los gestos de las manos de sus personajes, habitualmente con los dedos crispados. Asimismo, en algún momento este maestro debió influir en el Maestro de San Nicolás, con el que colaboró entre 1470 y 1480 en el “Retablo de san Juan Evangelista” (Museo de Bellas Artes de Bilbao). 

Durante el siglo XV, la influencia de la escuela pictórica flamenca fue clave en el desarrollo del arte europeo, y de manera especial en España, ligada a los Países Bajos por lazos políticos y económicos. En ese momento, los pintores flamencos sentaron un modelo estilístico basado en la búsqueda de la realidad, centrándose en la plasmación de las calidades de los objetos, otorgando una especial importancia a los detalles secundarios y utilizando una técnica lisa y dibujística. Otro elemento típicamente flamenco que vemos en esta obra es la construcción del espacio en tres dimensiones, de forma empírica y no teórica, a diferencia del modo en que lo harán los italianos en la centuria siguiente. Así, vemos una captación ilusionista del espacio, apoyada en el entramado geométrico de las baldosas del suelo, el paramento de sillares de los muros y el artesonado del techo. Por otro lado los plegados, duros y triangulares, son típicamente góticos, y revelan ya un cierto movimiento sinuoso en algunas zonas, como el manto de la Virgen, que es propio del siglo XV. Otro elemento característico de la escuela hispano-flamenca de este momento será la profusa utilización del dorado; aquí se elimina el fondo plano ornamental dorado de otras composiciones contemporáneas, dado que se construye un espacio tridimensional en la búsqueda de un mayor realismo. Sin embargo, el dorado trabajado como si se tratara de telas brocadas permanece en la túnica de la Virgen, la puerta del fondo y los nimbos de María y Jesús.

 

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