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La identidad en tránsito

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Mayte Vieta. 33005975

La noción de individuo como núcleo indivisible que define lo humano parece haberse vaciado de sentido. Existe hoy el sentimiento compartido de que la acepción de persona como entidad estable y encerrada en sí misma es una completa ilusión, de que los límites del ser como ente biológico y espiritual son siempre eventuales y cambiantes.

Diferentes cauces del saber han ido desembocando en un valle pantanoso donde se diluyen las nociones que habían cohesionado la comprensión de la individualidad: la fenomenología, la física cuántica, la tecnología digital… han propiciado una reaceptación del ser como tránsito perpetuo entre estados, fluctuando como bisagra entre lo vivido y lo imaginado, la naturaleza y el artificio, el pasado y el futuro, el espacio físico y el mental.

La creación artística participa de esta percepción de la porosidad sensorial y de la fluidez psíquica que nos modula, haciéndose eco de los recónditos meandros que constituyen este ser transformado por sucesivas revoluciones y paradójicamente reconciliado con sus orígenes.

La naturaleza como estado cognitivo

Para artistas como Mayte Vieta, Juan Escudero y Joaquín Jara la naturaleza se transforma en un estado cognitivo. Interiorizan el paisaje y renuevan algún tipo de alianza perdida con su fuerza matricial, aunque saben que esa comunión ya sólo es factible en el terreno de la memoria y la imaginación.

Retrato de Teresa.

Joaquín Jara. 33005974

Para Mayte Vieta las intensidades de la naturaleza son trasuntos del alma. Sus composiciones fotográficas enlazan pasado y futuro en un presente suspendido, anhelan un tiempo primordial, marcado sólo por la alternancia estacional, la memoria y las sensaciones; sugieren sublimes proyecciones plásticas de la conciencia fluctuante sobre el océano, evocan líricas correspondencias entre estados geológicos y estratos psíquicos. Pero la melancolía que empaña esas imágenes constata el carácter volátil e inasible de las vivencias.

Mom.

Juan Escudero. 33006144

Joaquín Jara, en carne propia o a través de sus modelos, ensaya una y otra vez procesos de osmosis con las potencias orgánicas de la tierra. Como alquimista medieval, sus homúnculos se imbuyen de hálito vital que emerge de los procesos de transformación de la materia. Nos sugiere una especie de regresión uterina a las cavernas telúricas, evoca cierta nostalgia hacia las cualidades miméticas del reino animal.

 

Los dibujos de Juan Escudero también abren umbrales hacia mundos fluyentes, en los que somos campos de fuerza en un intercambio infinito de materia y energía que nos hace permeables. De forma intuitiva, Juan se hace eco de una visión holística de la realidad que hoy predomina en la ciencia moderna, redescubriéndose miríadas de relaciones olvidadas entre los  fenómenos naturales y psíquicos, entre los efluvios eróticos, la subida de la savia, el proceso creativo, las sacudidas sísmicas y las oscilaciones térmicas.

En diálogo con el medio digital

Divided personality 4

Sergio Albiac. 33006136

La tecnología digital tiende a disolver nuestra identidad favoreciendo una “mise en abyme” infinita de los Yo que nos constituyen. Pero esta aparente pérdida de integridad no es necesariamente negativa; puede servirnos para experimentar de modo más visceral la multiplicidad de entes potenciales que nos habitan.

Es lo que nos sugieren los retratos generativos de Sergio Albiac, que exploran los reajustes singulares al universo computacional materializando la tensión entre el lenguaje informático y la acción humana, entre el azar y la programación. Rasgos pixelados, estriados por miríadas de vectores rizomáticos o descomponiéndose en “impresiones abstractas” aluden a la dificultad de fijar la identidad, recordándonos aquél principio de la física según el cual cuanto más tratamos de examinar científicamente una realidad más escurridiza se torna.

Juan Palomares también restituye la naturaleza mutable de la identidad flirteando en sus retratos pictóricos con la estética digital. Sus mujeres de cuerpos extremadamente delgados o sus jóvenes de andrógina apariencia cuestionan patrones estéticos tradicionales. La virtualidad obliga a renegociar las relaciones entre la representación y la realidad.

Viejos mitos, nuevos híbridos

Ricard Aymar. 33006138

Ricard Aymar. 33006138

Mitos y leyendas de todas las culturas se fundamentan sobre el carácter metamórfico de la naturaleza humana. Las relaciones entre héroes y dioses de las mitologías clásicas se regían por esa capacidad camaleónica y escurridiza que favorecía una visión fluyente de todo lo creado.

Artistas como Ricard Aymar invocan esos tiempos míticos con su catálogo de faunos y otros seres híbridos que tratan de recuperar esa complejidad esencial de la condición humana, basada en la dialéctica del instinto y la razón, la pasión y el espíritu. Los personajes de Ricard parecen haber sido expulsados de ese universo de mutaciones, pero no cejan en su empeño por salirse de sus cuerpos homologados y de sus mentes alienadas.

Marcel·lí Antunez.

Marcel·lí Antunez.

Marcel·lí Antúnez también recupera cosmovisiones antiguas, vinculándolas de modo singular con las promesas transformadoras de la tecnología punta. En sus espectáculos subyace una voluntad de traspasar los límites fisiológicos y sociales a través de la celebración festiva, lo que congenia con la tesis de Mijail Bajtín sobre el carnaval medieval. Escribe Bajtín que la celebración carnavalesca era un rito cósmico de regeneración, expresándose en ella el “gran cuerpo popular de la especie”: comer, beber, copular…, engranar orificios y protuberancias corporales como válvula de escape temporal, renovando simbólicamente los ciclos naturales, la unión entre los hombres y el arraigo a la tierra. Los engendros de Marcel·lí recuperan esa imagen de “totalidad viviente” abasteciéndose de prótesis de estimulación erógena y mental, interfaces que los hacen salir de su cuerpo para vivir en el del otro, participando en ritos compartidos que vinculan lo arcaico y lo postbiológico.

En definitiva, vivimos una época en la que la transitoriedad de lo fenoménico se revaloriza tras haber sido denostada durante siglos como correlato de decadencia, destrucción y muerte. El arte da cuenta la exaltación de lo transitorio como expresión de estados alternos entre la vida y la muerte, el sueño y la vigilia, podredumbre y germinación.  Regresa una comprensión cíclica del tiempo y el sentimiento pre-moderno de formar parte del cosmos. El cuerpo busca reintegrarse en la naturaleza, aunque sea una naturaleza transformada por la ciencia y la tecnología.

Anna Adell

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