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GOYA Y LUCIENTES, Francisco de (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828). Lote 33007080

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GOYA Y LUCIENTES, Francisco de (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828).
“La Virgen del Carmen intercediendo por las almas del Purgatorio”.
Óleo sobre lienzo.
Expertizado por José Luis Morales Marín, gran experto en la obra de Goya (se adjunta informe).
Medidas: 107 x 83,5 cm; 120 x 97 cm (marco).

En este lienzo se representa a la Virgen del Carmen, coronada y con el Niño en brazos, sobre un pedestal de nubes en el que asoman cabezas aladas de querubines, inclinada sobre las almas del purgatorio, hombres y mujeres desnudos que se alzan entre las llamas, tratando de alcanzar a María. La escena es contemplada por numerosos ángeles, mancebos y niños, uno de los cuales incluso sostiene en sus brazos a una de las almas, un hombre desnudo que une sus manos en señal de oración.
Se trata de una composición acusadamente barroca, inmersa en la tradición hispana del género. Así, el esquema es dinámico y marcadamente escenográfico, pensado para presentar ante el fiel un espectáculo divino, triunfal, pero a la vez comprensible. Así, la Virgen aparece en el centro, destacada por la composición y la iluminación, y toda la acción gira en torno a ella, todas las miradas se dirigen hacia la Virgen y el Niño. Tan sólo algunos rostros de querubines miran hacia otra parte: las almas del purgatorio, en el caso de los situados en el pedestal de nubes, o bien mirándose entre sí, como vemos más arriba, un detalle que rompe la rigidez compositiva e introduce narratividad en la escena.
En su informe, Luis Morales y Marín indica que esta obra presenta una serie de características técnicas y semejanzas estilísticas que indican que se trata de una obra de Francisco de Goya. Ofrece, de hecho, bastantes semejanzas con otras pinturas del maestro aragonés llevadas a cabo en la década de 1780, en cuanto al género religioso se refiere. Así la coloración, la manera de combinar los pigmentos, los modelos iconográficos de los ángeles niños y mancebos, la forma de resolver las nubes, etc., ofrecen similitudes al respecto. Por otro lado, por diversas cartas de Francisco de Goya a su amigo Martín Zapater en esa época, sabemos que el pintor manifiesta su intención de llevar a cabo una Virgen del Carmen para su paisano. Y varios son los ejemplares que diversos autores han tratado de identificar con esa obra hoy perdida, y que bien podría tratarse de esta que nos ocupa.
Uno de los más destacados pintores de toda la historia del arte universal, Francisco de Goya recibió sus primeras lecciones de dibujo y pintura de José Luzán Martínez, quien enseñaba en su casa y también en la Academia de Dibujo fundada en Zaragoza en 1754. Después de tres años de estudios con este maestro, Goya solicitó una pensión de la Real Academia de San Fernando, en 1763, a los diecisiete años. Parece que por entonces era ya alumno de Francisco Bayeu, quien había regresado de la corte. Sin embargo, Goya no logrará entrar en la Academia, ni tampoco cuando vuelva a intentarlo en 1766. En torno a 1770 emprende un viaje a Italia para ampliar su formación y mejorar sus posibilidades. Ya allí dejará constancia de su temprano gusto por lo grotesco y lo satírico.
Regresa a Zaragoza al año siguiente, y poco después recibe su primer encargo importante, la pintura de la bóveda del coreto de la basílica del Pilar. Desde entonces recibirá diversos encargos, por parte de aristócratas aragoneses, y será uno de ellos, la serie de murales sobre la vida de la Virgen para la cartuja del Aula Dei, la que aumentará su fama en 1774. Un tiempo después será llamado por Anton Raphael Mengs, primer pintor de Carlos III, para pintar cartones de tapices para la Real Fábrica de Santa Bárbara.
Se establece pues Goya en Madrid en 1775, y durante este tiempo realizará otros encargos importantes. En 1780 ingresa en la Academia de San Fernando y, tras iniciarse en el retrato, en 1783 pinta a toda la familia del hermano menor de Carlos III, el infante Don Luis.
Esta obra, y sus contactos con la aristocracia, le abre finalmente las puertas de la corte. Carlos IV alcanza el trono en 1788, y tan sólo unos meses después, en 1789, nombra a Francisco de Goya su Pintor de Cámara, lo que supondrá el definitivo triunfo del artista aragonés. No obstante, en 1792 Goya cae enfermo, y sufrirá secuelas de ellos el resto de sus días. La enfermedad agrió su carácter, pero en cambio avivó su genio. El estilo suave y adulador con que había complacido a la corte dejará paso a una nueva forma de trabajar, si bien su posición no se verá perjudicada: en 1795 es nombrado director de pintura de la Academia de San Fernando, y ese mismo año inicia su relación con los duques de Alba. Realiza la serie de “Los Caprichos”, acomete los frescos de San Antonio de la Florida y en 1800 pinta “La familia de Carlos IV”.
Durante los primeros años del siglo XIX continuará trabajando como retratista para los más destacados personajes de la aristocracia, hasta el estallido de la Guerra de la Independencia, que supuso un grave conflicto interior para el pintor, que se ve atrapado entre su ideología liberal, que lo acerca a los afrancesados, y su patriotismo, que le atrae hacia los que están luchando contra los franceses. Su obra se hace entonces más negra, más triste, como muestra por ejemplo la serie de grabados “Los Desastres de la Guerra”. En paralelo, su estilo se hace más suelto y empastado. Finalizada la contienda, como Pintor de Cámara debe retratar a Fernando VII quien, en último término, evitará que culmine el proceso iniciado por la Inquisición contra el pintor, por haber firmado obras inmorales. No obstante, la relación entre el monarca y el pintor no es fluida, y el gusto de la corte ha cambiado, inclinándose hacia un detallismo y minuciosidad que contrastan con la pincelada suelta y los empastes de Goya. Éste es finalmente sustituido como Pintor de Cámara por Vicente López, y se sume en un periodo de aislamiento, amargura y enfermedad que le llevarán a recluirse en la Quinta del Sordo, a las afueras de Madrid, donde realizará su obra suprema: las Pinturas Negras.
Harto del absolutismo que impone Fernando VII en España, Goya marcha finalmente a Francia en 1824, donde se reúne con amigos liberales exiliados. Allí pasará sus últimos años y realizará su obra final, “La lechera de Burdeos”, en la que anticipa el impresionismo. Actualmente su obra forma parte de las más destacadas pinacotecas del mundo, desde el Museo del Prado hasta el Metropolitan de Nueva York, pasando por el Hermitage de San Petersburgo, el Louvre de París o la National Gallery de Londres.

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