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Alfombra voladora de Lusesita, hasta el 25 febrero

“LUSESITA”, LASHERAS, Laura (Calahorra, La Rioja, 1979).
“Alfombra voladora”.
Cerámica esmaltada a 1260 grados y tela de algodón.
Se expedirá certificado de autenticidad del artista a petición del comprador.
Medidas: 30 x 50 x30 cm.
Laura Lasheras, conocida con el seudónimo “Lusesita”, cursa estudios de bachillerato de artes en Logroño y se especializa en cerámica en la escuela de artes y oficios de Zaragoza. Viaja a Barcelona en el 2004 para completar sus estudios haciendo cursos de torno, esmaltes y joyería contemporánea. Ha expuesto individualmente en Barcelona (galería Imaginart, 2010; Da Vinci, 2009; La Bóbila, Hospitalet, 2009; Can Sisteré, Santa Coloma, 2011) y ha participado en colectivas celebradas en París (galería Art de Rien, 2008; Feria Cutlog, 2009), Barcelona (galería Contrast, 2012; galería Ras, 2011), Navarrete (Feria Nace, 2012), Madrid (Imaginart, Art Room, International art fair, 2012); Monterrey (galería Drexsel, 2011), Corea (Kiaf International Art Fair, 2010), entre otras.

Lusesita ha encontrado en la cerámica el lenguaje que más se adecúa a sus necesidades expresivas. Con figuras de cerámica esmaltada y cuerpos de algodón narra en clave poética las vicisitudes de su vida. El trabajo artesanal es inseparable de su condición de artista. La suya no es la actitud provocativa y frívola de Jeff Koons, que utiliza la estética kitsch para ironizar sobre la cultura de la banalidad y el consumismo. Por el contrario, admira el trabajo de Jaime Hayón, quien transgrede el puritanismo que tiende a separar artesanía y arte, tradición y modernidad, cuando trabaja con humor la porcelana Lladró. También Lusesita ennoblece lo que tradicionalmente se ha considerado arte menor o folk. Su universo onírico, con sus lechos acochados y los mullidos cuerpos, con sus setas aliciantes, palomas mágicas y ninfas voladoras, tiene una contraparte ambigua. Quizás este lado inquietante procede del choque entre ese mundo de algodón y la vulnerable melancolía que expresan los rostros. La discordancia entre los torsos embutidos y las frágiles extremidades, entre los cuerpos lanosos y los semblantes querubínicos, empañan sutilmente la atmósfera hedonista. Lusesita nos impele a interrogarnos sobre nuestros prejuicios, navegando libremente entre el  erotismo refinado y la fábula infantil.

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